lunes, 8 de octubre de 2018

Tres poemas de Ts Hidalgo







Apprentices



(They shoot horses, don´t they?)



Llueve.

En Chicago hace menos veinte grados.

Es un problema extensible a Nueva Inglaterra.

Llueve.

Sospechamos la existencia de un paisaje lunar,

muy lejos, al sur,

más allá del horizonte

(donde nuestras fincas azules

limitan también con la NASA):

sonidos a las tres de la madrugada,

procedentes de autopistas acaso invisibles,

escenario, hoy,

del traqueteo de cascos de los caballos:

se oye todo, en una alucinación muda,

y, en este western, 

surge el milagro de la vida:

aquí, en el sur, también llueve,

y, en paralelo,

percibes igualmente cómo brota, de este suelo azul,

el agua nocturna.

Los caballos beben entonces deprisa,

entre destellos,

en un entorno mágico.

Y ¿llegan a echar de menos? el calor extremo,

y relinchan;

un tiempo después, de nuevo su trote:

han de volver a la luna.

Las lluvias han sido constantes,

durante toda la jornada,

sobre todo por la tarde

(es necesario, en esta frontera,

el uso de cadenas.

Y de un Muro,

¿no?).





No sé cuánto tiempo llevo en este cementerio de automóviles



Nueva York parece una jaula, ¿no?

Canto, aquí, a lo lejos,

a la ciudad que nunca duerme,

a la barba de Whitman llena de mariposas, 

al rugido de la urbe en anárquica policromía,

a ningún millón de muertos*.

Me encuentro una nariz de payaso.

También chatarra.

¿Cuántas perspectivas del skyline llevo?

¿Tantas como torres,

de la mano invisible del mundo,

acaso?

Oigo una conversación,

acerca del precio del hielo.

Vd. (Sra. Muerte) y yo estamos en un terraplén.





* Dámaso Alonso dixit





Militantes



Ha sido un día… complicado. Una manifestación. Multitudinaria. Huimos a primera hora de una serie uniformada de elefantes y pedestales. Esto bien podría haber sido ser un indicio de lo que estaba por venir. Sabemos dónde quedan ahora los cuervos, no tanto cómo llegar hasta ellos (y desmadejarlos, o por lo menos tratar de derribar el mito). No vamos a discutir obviedades: si pasamos por el Tribunal Supremo, ellos terminarán por leernos el pensamiento. Probablemente hayamos dejado huellas en el camino que demuestren nuestra presencia aquí (uno de los cuatro mayores imperios de la Historia de la Humanidad, venido significativamente a menos). No sabemos comunicar en detalle dichas sensaciones. Entramos en un tres estrellas Michelin, en el que un pasillo da a un salón lleno que da a un pasillo que da a un espacio abierto que da a un cementerio godo. Y, entonces, uno de mis camaradas es risa de fuego. En ocasiones tenemos la sensación de que alguien nos vigila, o nos persigue. Y nos preguntamos si no habremos estado durmiendo sobre cuchillas durante todo este tiempo. El mediático chef, su figura, se distingue a través de un biombo: está contemplando su polla, y contando baldosas, frente a una bombona de nitrógeno. Somos líderes de opinión: autorizados por tanto a no darnos cuenta. Pagamos esta fantasía con tarjeta. Necesitamos, acaso, verosimilitud en la puesta en escena de todo esto, sin embargo proseguimos sin descanso ni arrepentimiento nuestra marcha. Ya en la frontera, conseguimos mirar hacia atrás. El cielo es toda una manta sucia; la luna y algunos hombres se desplazan sumisos hacia el mar. España, España, España… O el niño algo próximo a ser liquidado: se reinventa frente a sus cabras tras haber tenido que dejar los estudios. Miguel Hernández convertido pronto en llegada de las tinieblas y no del día.





Ts Hidalgo (45). Economista y MBA por el Instituto de Empresa. Máster en Escritura Creativa por el Hotel Kafka. Certificate in Arts Administration por la New York University. Ha publicado en revistas literarias de EEUU, Brasil, Canadá, México, Argentina, Colombia, Chile, Venezuela, Nicaragua, Alemania, Gran Bretaña, Francia, España, Irlanda, Portugal, Rumanía, Turquía, Nigeria, Sudáfrica, Zambia, Botswana, Zimbabwe, India, Singapur y Australia. Finalista del certamen de novela del Festival Eñe. Ganador del certamen de microrrelato Criaturas feroces, de la Editorial Destino.

martes, 10 de julio de 2018

Tres poemas de Pedro López Fernández


                                                                


I



                  “He descendido de la función de hombre a la función de una estera en el piso”

                                                                                                              Gunnar Ekelöf



Al final de todo salto vencerá la gravedad

Con la noche y el benceno siempre el cuerpo es inflamable

Nos anexa de algún modo

esta búsqueda incesante de la mutua destrucción

Aquella del fondo es mi casa

donde alguna vez (si llegas) no serás bien recibido

Cualquier advertencia es metáfora

y puede también que en el fondo

te conduzca a confusión

Tan sólo el poeta es nocivo al óbice racional

porque cualquier posición no fetal

mostrará otro dinamismo

Pocas cosas más duales que las hembras que se encintan

Los seres superficiales son inmunes al abismo

como al final el humano recto tendrá también que dudar

Me riega a menudo la lluvia

aunque insisto en mi estatura

Como el hueco anhela jambas

tras puertas de formas convexas a veces lo cóncavo es

Si las flores se derogan arraiga el vacío legal

(su ignorancia no es excusa)

Sorprende entendiendo de todo

quien abjura de la mente



  



                                                        II



                     “Pensamos en el otro como coloquio, como carne herida, descubrimos al otro

                                              a través de sus calles sin historias, de sus manos sin ojos…”

                                                                                                              Ingrid Bringas



¿Y por qué siempre tan cuerdos

si del juego con la vida nunca nadie escapa vivo?

Habrá que buscar nuevos modos de acceder al más allá

Partir cuatro veces la voz tendrá dispares respuestas

En los altos sicomoros

balbucientes los vocablos

También el amante entregado tendrá que parar a comer

y aunque el mundo sea hermoso como vaca que se lame

de algún modo le complace tu total disposición

Aunque el polvo no se cuele a través de las ventanas

tampoco nos llegan noticias

De ningún árbol del mundo pende fruta inmarcesible

y aunque todo es abundante algo falla al compartir

La poesía por la tele

al final acaba siendo como el resto de inmundicia

que nos echan por la tele

Lo que hicieron con tus padres te impulsó

a la frialdad

La justa distribución de los frutos necesita de algún modo

tu total disposición

Después de lo de tus padres entiendo la frigidez

lo que no entiendo es que goces

como vaca que se lame

Y aunque todo es abundante

de este juego con la vida nunca nadie escapa vivo






                                                           III



Estar al lado del otro

Como soy yo para mí / soy el otro para el otro

Si el pájaro altera el vuelo

(hablamos del rumbo del vuelo)

¿sigue siendo el mismo vuelo o el pájaro es distinto?

También el eco es mi voz

Interactúa de alguna manera todo aquello que respira

Los espacios laterales son igual centro de algo

Hasta el hombre más inmundo

tiene lapsos de descanso

Después tu precognición frustró mi golpe maestro

Quien comiere en estos platos se afane también en lavarlos

Tampoco la plaga es lo impuro

porque el suelo que se friega de alguna manera erosiona

el vocablo turbiedad

No altera la esencia de ti tu macula de nascencia

Ninguna actuación posterior volverá a ser la primera

Si prestas correcta atención

el metal también solloza

Quien comiere de estos platos respete el ayuno del ave

Los espacios laterales tienen lapsos de descanso

porque tu macula de nascencia puede ser precognición

y hasta el hombre más inmundo

como pájaro es distinto

Afanarse en suelo limpio

sólo indica terquedad

Pedro López Fernández es licenciado en derecho, empleado de banca y escritor español. Reside en España, en la ciudad murciana de Cehegín. Finalista en la XLVI edición del Premio Internacional de poesía Ciudad de Barbastro (Hnos. Argensola 2014) y algunos de sus poemas han sido publicados en revistas literarias como Monolito, El Humo y Nagari. Autor de las novelas El Magistrado Cuernavaca (Ed. Amarante 2014) y Las cenizas de Manhattan (Ed. Amarante junio 2018)  plf1210@hotmail.com 

martes, 20 de marzo de 2018

I Premio de poesía Joven UNAM 2018



LA UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO A TRAVÉS DE LA COORDINACIÓN DE DIFUSIÓN CULTURAL Y LA DIRECCIÓN GENERAL DE PUBLICACIONES Y FOMENTO EDITORIAL, CONVOCA AL I PREMIO DE POESÍA JOVEN UNAM 2018


La Universidad Nacional Autónoma de México (unam), a través de la Coordinación de Difusión Cultural (cdc) y la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial (dgpfe), convoca a los estudiantes inscritos en el bachillerato de la unam y escuelas incorporadas, en licenciatura y posgrado, que sean menores de 30 años o los cumplan en 2018, y que deseen publicar un libro de poemas auspiciado por nuestra institución, con arreglo a las siguientes bases: